Por Gina Tost. Ginatonic.
Normalmente escribo los posts sentada en mi habitación tranquilamente, con vasito de agua, mientras dibujo o edito vídeo. Sabéis que además los vídeos los acostumbro a grabar en casa con la máxima tranquilidad y nadie a mi lado. En este post hago una excepción enorme (y con mucho gusto).
La gente de Waskman me llamó para invitarme a dormir una noche en un Hotel Iglú en los Pirineos y pasar un frío del carajo gracias al Post Imposible. La verdad es que no me lo pensé dos veces, y es que así seguro que conseguía material para el blog y una experiéncia única.
Este post está escrito desde el Dell inspiron Mini y el "pincho" para conectarse a internet por 3G de Vodafone. Aunque claro, ni de coña salía una imagen potable para el vídeo, ya os lo digo yo. Y es que en un sitio dónde no hay ni un puñetero enchufe (salí con el Dell cargado de casa y por suerte tiene una batería de unas 5 horas) es difícil que haya una toma de luz que sirva para grabar. ¡Las luces del pasillo eran leds de Navidad!
Pero ya se sabe, a falta de luz y electricidad se pueden hacer otras cosas muy interesantes que no requieren de esta energía. Muy romántico, hay hasta una suite con baño propio, relieves con animales en las paredes y un saco de dormir para dos. Perdidos en medio de ninguna parte (baja tu la montaña porque te has olvidado el queso rallado...) no hay excusa para no desconectar y respirar un aire limpio.
Primero nos subieron a un grupo de unas 20 personas en quitanieves hasta más de 2000 metros, nos dieron vino caliente, nos calzaron unas raquetas de nieve y empezó la aventura. Una excursión por la montaña nevada de nieve virgen. La verdad es que en bajada se parece a patinar sobre hielo, pero mucho más blandito si te caes. Todo esto en una absoluta oscuridad, ya que por muchas estrellas que viéramos en el cielo, no eran suficientes para todo ese espacio natural.
Al volver de la excusion ya nos tenían preparada la cena: Fondue de queso y chocolate de postre. Y antes que pasaran esas dos horas de rigor que nos exigen las madres, ya teníamos puesto el bañador listos para entrar en el jacuzzi al aire libre.
Imaginaos: Un jacuzzi hirviendo, con sus burbujitas, su vapor,... ¡en el aire libre! Veíamos las estrellas mientras nos relajábamos. Teníamos el cuerpo caliente, y la cabeza fría.
El único problema fueron esos 6 metros que separaban el agua hirviendo de nuestras toallas secas, pues estas no podían estar en el exterior o se hubiésen helado (y ponerse una toalla mojada y helada no es lo más agradable del mundo).
Quiero agradecer la experiencia a todas esas personas que están detrás del Post Imposible por que ha sido inolvidable.
