Por Alan Tapscott. Wwwhatshot.
No es extraño que hoy por la tarde este sentado ante un portátil escribiendo un post para wwwhatshot incluso el hecho de que me encuentre a sesenta kilómetros de Madrid, lejos de mi residencia en Barcelona, podría considerarse dentro de los limites de lo cotidiano.
No es ya tan habitual que volando a mas de cuatro mil metros de altitud en avioneta siga teniendo acceso a Internet gracias a el Modem USB Banda Ancha Móvil 3G de Vodafone; conectado a un NetBook de Dell.
La situación se vuelve surrealista del todo en el momento que la puerta lateral del transporte se abre y los pasajeros saltan precipitándose al vacío. Es mi turno. Permitidme que explique que maravillosa cadena de acontecimientos me ha llevado a esta situación.
Hace unos dias la gente del Post Imposible se pusieron en contacto con wwwhatsnew, blog afiliado y padre de wwwhatshot, para que su creador Diego participara en uno de los eventos de la curiosa iniciativa.
Debido a su apretada agenda junto con el hecho de que reside en Brasil le fue imposible realizarla, no obstante tuvo la idea de remitir al equipo del Post Imposible a nosotros para realizar el desafío.
Existen muchas maneras de despertarse pero creo que el pasado lunes descubrí la más insólita de todas. ¿Quieres hacer un post en un avión justo antes de tirarte en paracaídas? Creo que mi respuesta afirmativa fue inmediata pero hasta que no colgué el teléfono no me puse a pensar en las repercusiones de mi decisión.
Durante la duración del trayecto me esforcé por no pensar demasiado en el asunto, no podía permitirme dudas al respecto pero creo que el hecho de que sólo pudiera dormir una hora aquel día era una primera señal de que quizás me sentía algo intimidado por la situación.
En todo momento tuvimos apoyo logístico por parte de Idoia, colega Blogger que nos transportó por Madrid e hizo de enlace para montar el evento.
Siempre había imaginado que seria un proceso complejo, pero la verdad es que a los diez minutos de llegar a Skydive Madrid , y habiendo pasado por la oficina ya me encontraba junto a otros dos valientes recibiendo un briefing de nuestro instructor, Houdi, sobre que precauciones y procedimientos debíamos llevar a cabo.
Tratándose de un salto en tándem, es decir, atado mediante un arnés a un instructor experimentado, era mas bien poco lo que yo tenia que hacer, así que poco después ya estaba colocándome mi mono de salto, gafas y tratando de parecer lo mas tranquilo posible.
Quizás el vuelo en avioneta fue la parte mas impactante, pues no es lo mismo ir en avión (para algunos ya es difícil) que despegar y ascender sabiendo que no vas a aterrizar en el aparato.
Ni los chistes de paracaidistas ni el hecho de ir con unos increíbles profesionales consiguieron eliminar mis nervios y temblores, solo en el momento que me senté en el lateral del avión con los pies sobre el vacío me di cuenta de que ya no había marcha atrás y de que iba a vivir una experiencia única.
Es imposible describir lo que se siente al caer a 200 Km/h durante noventa segundos, pero creo que puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que nunca he vivido nada igual de emocionante. Ninguna de las más intensas montañas rusas se parece a la caída libre, puesto que curiosamente no existe la clásica sensación de tener el estómago en la boca o de mareo, es algo mucho más intenso y nada molesto. Dejadme que hable sobre las vistas: te abruman, no puede existir un paisaje más increíble.
Quizás lo peor de todo es cuando el instructor abre el paracaídas, juro que en mi mente pasaron menos de diez segundos en vez de los noventa reales cuando un ligero tirón me devolvió a la realidad. Puede que mi ayuno me jugara una mala pasada pero le pedí a Houdi que no hiciera demasiadas piruetas con el paracaídas, pues el shock del descenso junto con el balanceo del aterrizaje me estaba desorientando bastante.
No obstante puedo afirmar que pretendo repetir en cuanto me sea posible sin lugar a dudas. Recomiendo la experiencia a todo el que quiera experimentar algo digno del recuerdo y me gustaría transmitir mis saludos y agradecimiento al equipo de El Post Imposible por ofrecerme esta irrepetible experiencia.
